El valor de la honestidad.

Es este un tiempo para mí, básicamente doloroso. Lo digo porque mirando los valores que adornan a esta sociedad pos modernista y con mis hijos a las puertas del camino, la meta se me antoja que va a hacérseles lejísima. Lo digo yo, que ahora ya con la media rueda recorrida es que comienzan a disiparse mis brumas.

De las molestias que me escuecen en este mundo laxo de hoy, hay unas más pruriginosas que otras. Una de las que me hace darme más uña es esa dichosa manía de querer ser “políticamente correctos”. Ahí se escudan unos y otros para dejar de hacer lo que hay que hacer siempre ante cualquier problema, y que ha sido mi manera de vivir desde siempre: rebelarme ante un status quo incómodo. Pero claro, para eso lo primero es ser honesto con uno mismo que es la única garantía de serlo ante los demás.

Y honestamente hablando en relación a Cuba debo decir algunas realidades. Incómodas sí, pero necesarias si se quiere remediar la cosa. No puedo evitarlo. Lo tengo comprobado después de casi 30 años de matasanos: para una buena cura, lo primero es hacer un buen diagnóstico. Y en este caso vámonos a un par de precisiones.

El PCC que son quienes desgobiernan en Cuba desde siempre, no son un partido político. Solo son una banda de degenerados que se confabularon para enriquecerse a costa del empobrecimiento del pueblo cubano. Así en la medida que en el tiempo y sus propias ineficiencias fueron menguando la capacidad de Cuba para producir riqueza, el estado miserable de la población no ha hecho más que acentuarse de manera directa y proporcional en que se ha enriquecido esta horda de hijoputas, porque nunca han estado dispuestos a repartir su parte ni aunque se trate de una cuestión de vida o muerte. Como la actual situación que se vive en Cuba. Y es que estos por la porción de poder que administra cada cual… matan.

La sociedad cubana se ha rebelado desde los mismísimos inicios. Siempre en minoría pero es algo que nos honra, porque en esos pocos ya Martí había explicado que iba contenida la dignidad humana. Y sí, es cierto que en esa continuidad hay algo de hermoso y dignificador. Pero honestamente los cubanos dentro a excepción de algunos momentos puntuales como el Maleconazo, ( que le hizo sacar el culo de su palacio ) no le hemos hecho verdadera oposición al castrismo desde tiempos del Escambray. Hoy estamos viviendo un tiempo de opositores sin oposición, dedicados fundamentalmente a la contabilidad de reprimidos que para mayor dolor, nadie conoce más allá de la linde de su barriada.

Fuera la cosa no pinta mejor. Un exilio histórico que salvo excepciones, no ha sido capaz de aprovechar la libertad de estar fuera para conspirar de manera efectiva contra el castrismo ( Posada ya no está ) y hacer un frente común ( Mas Canosa tampoco ) que con independencia de los modos en que han establecido su sostenibilidad económica, no hayan presentado un modelo “made in Cuba” de cara a incidir y definir proyectos y políticas dentro de la isla. Eso a pesar de que solo el PIB del exilio floridano es casi tanto como el del país. Pero claro si honestamente tenemos a millones de hipócritas vacacionando en Cuba y afirmando que sus motivaciones para estar donde están son económicas, van dando la espalda a un compromiso verdadero por la libertad de su patria. Y pasa lo que pasa: mucho ruido y pocas nueces.

Hay cosas buenas por supuesto. El futuro.

Porque sigo apostando primero por la extinción del comunismo castrista. Y mi apuesta no es la de quienes quieren “modernizar el Estado”, ni de quienes quieren hacer de Cuba una estrella más en la constelación americana. La mía, la de muchos dentro y fuera sigue siendo honestamente hablando que los cubanos dentro tomen el toro por los cuernos y entiendan de una vez que son ellos los únicos que pueden terminar con la pesadilla, y que para eso no hace falta más que salir a las calles de Cuba a reclamar lo que sea… lo que sea que termine de una vez con estas seis décadas de oprobiosa dictadura.

Y luego pónganse como se pongan, sepan que de aquí no me mueve ni Dios.

Publicado por Prevaricadoranticastrista

Cubano exiliado por la tiranía castrocomunista que dándome a escoger entre dignidad o esclavitud no me dejó opción alguna. Hoy ciudadano europeo consciente de la pretensión del comunismo en prevalecer disfrazado de epítetos pos modernistas para evitar situarse en el estercolero de la historia humana, estoy aquí con humildad pero determinación a dar mi aporte para su extinción sea en Cuba o allí donde busque la simpatía de quienes desconocen lo terrible de esta ideología.

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